“ENAMORADOS DEL AMOR”

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Elvira y Juan, dos almas afines de 40 años, coLampartían desde pequeños un sueño común: vivir juntos rodeados de naturaleza y amor.  Aunque el trabajo les había impedido casarse, su pasión por el ideal del amor los mantenía unidos en cada encuentro esporádico.

Ambos imaginaban una vida juntos, pero algo se los impedía, Juan mantenía un secreto que no se atrevía a revelar a su gran amor de la infancia, Elvira. A pesar de ese secreto, ellos imaginaban una vida en una hermosa casa de campo, donde los árboles se alzarían majestuosos a su alrededor y el canto de los pájaros sería su banda sonora diaria.  Soñaban con un río que serpentearía a través de su parcela, invitándolos a sumergirse en sus aguas cristalinas en los cálidos días de verano.

Elvira siempre había sido criada con libertad en el campo y por estudios se fue a la ciudad donde se reencontró con Juan, su amor de la infancia.  Cuando se volvieron a ver después de tanto tiempo, se unen como pareja y vuelven a revivir el sueño que tenían desde niños.

Sin embargo, había una sombra que no les dejaba ser felices, ese secreto que guardaba Juan y que a pesar que pasaron los años, no se atrevía a contárselo a su amada. El agotador ritmo del trabajo se convirtió en un obstáculo cada vez más difícil de superar.  Parecía que su sueño estaba destinado a permanecer en la espera de la imaginación.

Pero el destino finalmente sonrió a Elvira y Juan.  Una inesperada oportunidad se presentó cuando les ofrecieron hacerse cargo de una hermosa parcela que poseía todo lo que habían anhelado.  El dueño de la tierra, don Pedro,  conmovido por la pasión y dedicación de la pareja, decidió legarle la propiedad a Juan con una condición, que le dijera la verdad a Elvira antes que don Pedro partiera de este mundo.  Juan le prometió que le contaría su secreto a Elvira.

Las lágrimas de alegría recorrieron los rostros de Elvira y Juan luego de revelar su gran secreto que “Juan era hijo de don Pedro” y que había sido adoptado por los padres que lo criaron. Ahora podían abrazar la tierra que era suya.  Finalmente, su sueño había cobrado vida.  A partir de ese momento se prometieron no guardar secretos,  construirían su hogar y su amor en medio de la naturaleza que tanto amaban.

La casa en el campo se convirtió en un refugio lleno de risas, complicidad y amor incondicional.  Elvira y Juan encontraron la paz y la felicidad. Con el pasar del tiempo Juan y Elvira tuvieron tres hijos hermosos y al varoncito le pusieron Pedro en honor de su abuelo.

Enamorados del amor, vivieron el resto de su día  rodeado de árboles que susurraban secretos de amor, animales que se unían a su danza de amor y un río que siempre les recordaba la fuerza y la fluidez de su relación

Su historia se convirtió en leyenda en aquel lugar, un ejemplo eterno de cómo el amor verdadero puede superar cualquier obstáculo y hacer realidad los más hermosos sueños.

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